Muchos hombres creen que el problema en sus relaciones es la falta de opciones. Piensan que cuando mejoren su físico, tengan más experiencia o empiecen a atraer a más mujeres, dejarán atrás la necesidad y la inseguridad.
Sin embargo, la realidad suele ser muy distinta. Porque hay hombres que consiguen exactamente eso y aun así siguen tropezando con el mismo patrón: idealizar a la primera mujer que les ilusiona, volcarse por completo y terminar saboteando la relación sin darse cuenta.
En este episodio analizo junto a un alumno del programa DTE un caso real que refleja a la perfección este fenómeno. A través de su experiencia veremos cómo la escasez mental puede seguir presente incluso cuando tienes opciones, por qué sentirse en deuda cuando una mujer apuesta por ti puede convertirse en un problema y qué ocurre cuando empiezas a entender las dinámicas entre hombres y mujeres desde la realidad en lugar de desde las expectativas.
Una conversación llena de aprendizajes prácticos para cualquier hombre que quiera construir relaciones más sanas, sólidas y conscientes.
Aquí vamos a hablar de:
- Por qué el problema casi nunca es la falta de opciones, sino lo que tu cabeza hace con ellas cuando aparece una que te gusta un poco más que el resto.
- Cómo la idealización y la necesidad te llevan a enamorarte de la primera que te hace caso, aunque tengas a otras mujeres alrededor.
- El error que cometen tantos hombres cuando una mujer renuncia a algo por ellos: confundirlo con haber ganado la partida… cuando en realidad empieza la parte más delicada.
- Por qué relajarte y sentirte «»en deuda»» cuando ella apuesta por ti es la vía rápida para que la relación empiece a apagarse.
- Por qué entender la dinámica entre hombres y mujeres no va de trucos para ligar, sino de dejar de pelearte con cómo funciona de verdad la realidad.
En este episodio hablo con un alumno que pasó por el programa DTE y cuya historia es la de un patrón que se repite hasta que alguien le pone nombre. Su problema nunca fue la falta de opciones: se cuidó, mejoró, empezó a tener resultados con las mujeres.
Y sin embargo, cada vez que aparecía una que destacaba, su cabeza pulsaba el mismo botón: la idealizaba desde el minuto uno, se volcaba por completo, entraba en necesidad… y la relación terminaba cayéndose.